La canción de las 11:27. Envidio varias cosas de Sam Roberts. Con una edad similar a la mía, me gustaría escribir música como él lo hace y me encantaría poder vivir de ello. También haber construido un grupo a su alrededor y, en sus discos, haber tocado palos tan diferentes como el funky, la psicodelia o la música electrónica. Pero lo que más le envidio, sin duda, es que sea canadiense. Me pasaría lo mismo si fuera moldavo o polinesio. El caso es que no es español como me dicen que soy yo. Y él aguantará otro tipo de asuntos, pero seguro que no la ignominia constante de un país podrido por la insultante indignidad de muchos de mis compatriotas, que merecen algo más doloroso que la hoguera medieval. Además, que quede claro, Sam Roberts y su banda hacen música de esa capaz de subirme el ánimo. Y eso, a estas alturas del drama, no tiene precio.

 

The song 11:27. I envy Sam Roberts several things. With a similar age, I would like to write music like he does and I would love to make a living from it. And also have built a group around him and in his records, have touched so many different styles such as funky, psychedelia and electronic music. But what I envy the most, no doubt, is to be Canadian. I would feel the same if Moldovan or Polynesian. The fact is that I am not Spanish as I am told. And he will beat other kind of issues, but certainly not the constant shame of a country rotten by insulting indignity of many of my countrymen, who deserve something more painful than a medieval fireplace. Besides, to be clear, Sam Roberts and his band make music that can cheer me up. And that, at this stage of the drama, is priceless.

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