La canción de las 12:05. Hoy hace un año que el chaval al que siempre estará dedicado este blog de música e ilusiones nos dejó. Mentiría si dijera que me he acordado de Pablo Martín los 365 días que han pasado desde aquel horroroso día, mas bien poquito mentiría. Lloré todo lo que nunca había llorado, más aún por una persona a la que apenas conocía. Solo me queda seguir acompañando a los que más le quisieron y seguir aprovechando cada segundo de mi vida los ejemplos de fuerza y superación que su figura me dejó. No os podéis siquiera imaginar todo lo que me han servido en este tiempo. Le recuerdo siempre, pero hoy especialmente, lo vuelvo a hacer con la mejor música que en la historia fue. Escucho, de nuevo, a los inmortales Nightnoise y le veo sonreír.

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