La canción de las 20:50. Por fin di con la solución a una de las preguntas que me martirizan desde bien pequeño y que es esa que se interroga a cerca de cómo duerme un lirón. Para descansar, hay que estar cansado. Lo estuve, mas de auténtico disfrute. Regreso del festivalero desparrame, de celebrar la tardía juventud, de conmemorar el valor del descubrimiento continuo. Para qué pensar en el qué dirán si eran tantos los que podrían opinar. Cual guerrero en su descanso, busco en mi recuerdo y, cómo no, encuentro. Me lo regala, en esta ocasión, el estadounidense Richard Burmer, inspiración de paz hace décadas. Su música, como sucede con los vinos a los que le pasa eso, mejora con los años.  

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