La canción de las 11:28. Hay días en los que no se van los peores. Murió ayer el grandísimo Johnny Winter, uno de los mejores guitarristas de toda la historia de la música. Irte y dejar tras de sí un magnífico legado es irte menos. Mucho menos, incluso. Finísimo intérprete del estilo entre los estilos, ese mismo que escucharían los dioses en su particular consejo de administración, el crudo blues, su caballera en la frontera entre el rubio y el cano hizo que se le conociera como el guitarrista albino. Un genio menos. Con lo que nos siguen haciendo falta.

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