La canción de las 11:38. De minorías, por fortuna, está el mundo lleno. Comodísimo, entre ellas me zambullo sin respirador, con mis pies por aletas y los manguitos prestados del coche. Urbanita ultraortodoxo, yo no sabría cómo vivir en el campo. Aún más, creo que no podría hacerlo. La banda madrileña que lidera la particularísima voz de Pedro Arranz me da alguna pista. Me habla de amor y de pedagogía. Y lo empiezo a ver de otra manera.

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