La canción de las 11:48. De nuevo las extrañas conexiones de mi desamueblada cabeza. Escucho, con inusitada emoción, el momento en el que el asesino Urrusolo Sistiaga pide perdón a sus casi innumerables víctimas en la SER, ante una de las casi infinitas vidas rotas por el terrorismo etarra, que lo acepta con igual o mayor sinceridad. Lloro oyéndolo y repito solo con leer lo que ahora escribo. Es lo que tiene sentir. Mi mínima confianza en el ser humano gana, al menos, un entero y entonces mi cabeza vuela, por qué no, a una fría ciudad noruega en la que me encontraba tal día como hoy hace 11 años. No seré yo quien ponga límites al campo ni frontera al reproceso de mi mente. En Bergen se criaron los dos componentes de Kings of Convenience y su fantástica música hace hoy de perfecta banda sonora a la emoción.

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