La canción de las 11:58. Mi mente vincula la música con cualquier desgracia que se precie. Pocas como la tragedia de Oriente Próximo, más próximo que nunca, tan de triste actualidad hoy y cada cierto tiempo. Irresoluble para la eternidad, mueren palestinos por doquier en el campo de concentración más grande del mundo. Nos parece lo normal y miramos hacia otro lado. Yo, el primero. Huyo del desastre, en este caso, escuchando la maravillosa voz de la israelí Ester Rada. No tiene pinta de querer nada malo para sus subdesarrollados vecinos. Al menos, eso espero.

 

The 11:58 song. My mind links music to any misfortune worth. Few as the tragedy of the Middle East, closer than ever, so sad at present and from time to time. Unsolvable for eternity, Palestinians die everywhere in the world’s largest concentration camp. It seems normal to us and we look the other way. I, the first. I flee the disaster, in this case, listening to the wonderful voice of Israeli Ester Rada. He does not look to wish anything bad for his underdeveloped neighbours. At least, I hope so

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