La canción de las 10:27. Asisto, a medio camino entre pasmado y encantado, al encuentro con música hecha hoy en día, muy similar a la gloriosa que cambió mi mente hace más de 20 años. Suenan violines cantados por fantástica voz procedentes ambos, cómo no, de la verdísima Irlanda. Y me siento revivir, esto es, volviendo a vivir. La culpa es de este grupo llamado I Draw Slow y agradecido de por vida quedo ante ellos.

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