La canción de las 10:24. Cruzo, de nuevo, el charco, lo hago, como siempre, para soñar y, obviamente, allí me quedo. Regalo esta mañana a un cantante nacido en la helada Alaska del inolvidable doctor Fleischman, pero más argentino que el inmortal 10. Por su nombre, Kevin Johansen, podría ser el más fornido de los pivotes de la selección danesa de balonmano, pero canta en el mismo idioma en el que yo escribo y eso ya es mucho más que suficiente. Dice, textual: “Qué lindo que es soñar / soñar no cuesta nada / soñar y nada más / con los ojos abiertos / qué lindo que es soñar / y no te cuesta nada más que tiempo”. Y solo puedo asentir y disfrutar.

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