La canción de las 10:28. Para días emocionantes, nada mejor que la más emocionante de todas las músicas que en el mundo han sido. Lloraré hoy recordando a aquel a quien va dedicado este modestísimo blog de música e ilusiones. Me alivia pensar que también lloré, pleno de alegría y emoción aquella vez, la noche en que pude escuchar en directo, a solo un par de metros de distancia, a estos dos monstruos: el brutal Alasdair Fraser al violín y su sin par escudero, Paul Machlis, al piano. Capaces de sacarme la misma sonrisa con la que Pablo siempre luchó y de hacerme llorar como cada vez que le recuerdo.

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