La canción de las 10:48. Habitualmente, la belleza, como la emoción, es sencilla. Por más que nos empeñemos en buscar la octava maravilla, lo grandioso está en lo más pequeño, en lo simple. Seis cuerdas de una guitarra y una buena voz son suficientes para provocar las mejores sensaciones de la vida. Siempre imbatibles. Te seguiré en la oscuridad, cuentan y cantan estos yanquis brillantes. Yo, también lo haré.

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