La canción de las 13:34. No puedo parar de escuchar todo lo que hace este genio de la modernidad. Pocas cosas mejores que caminar por la playa escuchando esta pieza en concreto. Lo experimenté el otro día en el mágico arenal de Sopelana y desde ese momento la piedra y las arenas mojadas están en el espacio destinado a los más selectos recuerdos. Ya solo me falta no creer en los fantasmas. Cuesta, pero todo se andará.

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